viernes, 12 de febrero de 2016

Chicos cada vez más solos -


PARA LA NACION 12/02/2016




En la nueva lógica autocomplaciente y narcisista, lo primordial es realizarse individualmente, por eso el sacrificio por hijos y alumnos pasó de moda y la responsabilidad por los menores suele ser una obligación insoportable.

Durante siglos, los chicos obedecían y los grandes protegían. La infancia y la adolescencia eran concebidas como etapas de la vida en las que se dependía de adultos que cuidaban a menores percibidos como incapaces de resolver la vida por sí mismos. La obediencia era la consecuencia natural: hacer aquello que los grandes mandaban y seguir su ejemplo era el modo de, algún día, llegar a ser un adulto autónomo. Grandes y chicos no conformaban un vínculo entre iguales, sino una relación asimétrica en la que experiencia, antigüedad y saber definían la preponderancia adulta.
Es verdad que muchas veces esa asimetría se transformaba en dominio autoritario y perverso, pero, bien entendido, era un mecanismo por el que los adultos se hacían responsables de los más chicos. 
Es que la contracara de esta dependencia infantil eran la responsabilidad y el sacrificio de los adultos. Responsabilidad porque los adultos estaban a cargo; daban el ejemplo y mostraban a los más chicos lo que era amar y trabajar. Lo que era creer. Lo que era luchar. El significado de vivir y de morir. El adulto -sacerdote, dirigente, entrenador del club, vigilante de la esquina, docente, padre, madre, tutor o encargado- representaba la historia y ley; lo que estaba bien y lo que estaba mal. Estaba para decir no y así formar a los más jóvenes. Un no que conjugaba amor con severidad. 
Ser adulto era ser autoridad.
Por otro lado, el sacrificio de los adultos implicaba que éstos pospusiesen sus propias aspiraciones personales para cuidar de los menores. Padres y madres, de manera muy diferente pero complementaria, hacían lo debido y hasta lo imposible para proteger a sus hijos.  El paradigma es el papá de la película La vida es bella, quien en un campo de concentración nazi posterga sus propias necesidades y se somete a las peores humillaciones para evitar el sufrimiento del hijo. 
 Este viejo mundo de la asimetría intergeneracional funcionaba bien porque los cambios culturales, sociales y tecnológicos eran suaves y equilibrados. Épocas en las que las novedades duraban y los ancianos eran la referencia obligada: habían vivido más y por eso interpretaban el pasado y proyectaban el futuro. Épocas en las que los viejos mostraban con orgullo sus canas y sus arrugas.

Nuestro tiempo, sin embargo, ya no se caracteriza por la armonía y la experiencia acumulada por los grandes no vale de mucho; al contrario, puede ser la marca del infierno más temido: la obsolescencia. Los cambios constantes hacen que la experiencia sirva de poco y ser adulto no es deseable. Ya nadie muestra con orgullo canas ni arrugas: como si una mutación genética hubiera acaecido en cabelleras femeninas (y crecientemente masculinas), el pelo blanco se oculta porque su presencia remite a lo peor, al paso del tiempo.
Desde los educadores hasta los expertos en marketing coinciden en que los chicos son portadores de saberes y certezas que los grandes deben captar. De ahí que vestirse como adolescente y tener un cuerpo sin marcas del tiempo es lo que desvela a quienes huyen de la obsolescencia: adultos que escapan del semblante adulto.

Nos resultan normales las adolescencias interminables y ya ni sorprende que cincuentones achupinados luzcan como jóvenes de veinte. Las edades y las responsabilidades se aplanan. Las jerarquías entre grandes y chicos se borran como en la película Red social, donde adustos abogados asisten, azorados, al conflicto entre adolescentes eternos, hiperaburridos, ultramaduros, dúctiles para comprender, en remera y ojotas, la lógica de lo actual.
Los medios nos muestran a jóvenes que saben y que se presentan autónomos frentes a sus padres y maestros, quienes, atónitos, observan el devenir indescifrable de redes sociales instantáneas, modas que duran lo que un clic, pantallas para edades cada vez más tempranas.
Obedecer pasó de moda: incomoda escucharlo, pero, en nuestra cultura, pedir obediencia es de facho y bajo ese paraguas ideológico los chicos están cada vez más solos; la trampa de las nuevas infancias y adolescencias es la creciente distancia que los adultos toman respecto de los más chicos tratando, paradójicamente, de parecérseles.
De ahí que la vieja asimetría sea cuestionada: hay que ser amigo de los hijos y de los alumnos, ser gamba, curtir su onda. La vieja asimetría se transformó en equivalencia y la responsabilidad por los chicos suele ser una obligación insoportable. Parece que la consigna es "más amor, menos severidad", pero esto es una engañifa sutil: no hay amor a los hijos y a los discípulos si no se les dice no. No parece, pues, que este mundo sin adultos sea el efecto de decisiones tomadas a favor de los chicos, sino más bien el resultado de una ausencia cómoda pero probablemente trágica.

Es que decir no ahora es más costoso porque la autoridad adulta tiene poco consenso. Y en la pretendida complicidad con los hijos y los alumnos se diluyen responsabilidades y se eluden sacrificios. La vida ya no es tan bella en un mundo sin adultos cuando mami atropella y mata, pero culpa a su hijo de 15 años para zafar de su responsabilidad.
Hablar de "disciplina escolar", la sola mención, convierte al desprevenido en una rémora arcaica y en su reemplazo se usa "bullying": no son los educadores los que deben poner límites en las escuelas; ahora hay "campañas de concientización" y, lejos del orden recreado por los docentes, la convivencia pasó a ser un tema de consensos donde todo parece discutible y el rol docente se entremezcla con padres y educandos. 
Los adultos huyen de ser autoridad y cuando no les queda otra que ejercerla, anhelan liberarse de las cargas que conlleva. Hasta hay quienes proponen que los problemas de disciplina escolar deben ser regulados por una ley del Congreso Nacional: como si las instancias cotidianas e institucionales de resolución de conflictos educativos hubieran caducado.
En la nueva lógica autocomplaciente y narcisista, el sacrificio por hijos y alumnos también pasó de moda y lo primordial es realizarse individualmente, estar cómodo con uno mismo: el viejo sacrificio de los mayores es una carga paterna o docente que a veces hay que asumir, pero sin orgullo y sin legitimidad: ya nadie lo reconoce, muchas veces hasta se lo cuestiona por demorar ambiciones profesionales o individuales. Conservar la adultez en nuestra época se vuelve contracultural; casi un acto heroico.
Durante el siglo XX, muchos educadores progresistas lucharon para sustraer a los niños de lo que llamaban el "dominio adulto" y proponían liberar a la infancia del yugo de los mayores, descolonizarlos de su opresión. Paradoja fatal; tanto proclamar la liberación de los niños que fueron los adultos quienes terminaron liberándose de ellos.

Hombres que Ejercen Violencia

REVISTA ANFIBIA

Hombres Golpeadores: "¿PUEDE UN VIOLENTO DEJAR DE SERLO?
Por: Salvador Marinaro y  Claudia Hasanvegovit - Fotografia: Mado Reznik



En la Ciudad y el Conurbano existen siete instituciones que trabajan con hombres que ejercieron violencia contra las mujeres. Un universo pequeño si se tiene en cuenta que sólo la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte recibe 12.000 denuncias por año. En los grupos, los especialistas intentan desactivar los mecanismos del enojo, de la agresión seguida por el arrepentimiento y de la desigualdad de género en su aspecto más feroz. El cronista Salvador Marinaro y la doctora en políticas sociales Claudia Hasanbegovic se metieron en las terapias que luchan contra el machismo como única opción y analizan el sistema estatal que debe prevenir las situaciones de violencia. – 
En Buenos Aires y en el Conurbano existen siete centros que atienden a hombres que ejercieron violencia de género. Se los llaman Grupos de Recuperación o Rehabilitación para Varones Violentos y son coordinados por psicólogos o trabajadores sociales. Hay grupos interdisciplinarios, que involucran antropólogos y sociólogos. Son pocos los hombres que llegan hasta ahí solos: la mayoría lo hace por orden judicial, como parte de la suspensión del juicio a pruebas -el mecanismo conocido como probation y que suele dar en casos con penas menores a tres años a cambio de la reparación del daño causado. – 

.... A grandes rasgos, para Payarola, la violencia es una larga formación que convierte a un hombre y a una mujer en una víctima y en un victimario.   —La violencia es como un círculo— explica. Mantiene una estructura que se repite, cada vez con mayor fuerza: primero acumula tensión, después explota y por último, llega el arrepentimiento. Llaman a este período “luna de miel”. Por eso, porque en un momento del ciclo logran reconocer la violencia, estos grupos pueden ser efectivos.   Diversas investigaciones demuestran que tan sólo entre un 7% y un 16% de los hombres golpeadores representan un tipo de personalidad patológica: no se arrepienten y hasta reivindican la violencia que ejercieron a pesar de conocer que estaba mal o era un delito. – 
—Los hombres con patologías planifican e incluso sienten placer al ejercer violencia. Nosotros trabajamos con la otra población. Aquellos que llamamos violentos cíclicos.
Relata que el trabajo con estos hombre -llamados violentos cíclicos- surgió en los Estados Unidos, en los años 70 a partir del grupo Emerge, un colectivo de hombres simpatizantes del feminismo. Creían que la violencia masculina era una parte clave de las desigualdades de la sociedad y buscaban una respuesta frente a la extensión del maltrato y el asesinato de mujeres.
 Payarola hace unos años fundó la Red de Estudios de Masculinidades (RETEM),

.... En un departamento antiguo, de techos altos, ubicado en el Microcentro porteño, funciona la Asociación Pablo Besson. La decoración es prolija: pequeños recuerdos de viajes, fotografías de niños sonriendo; sobre el escritorio, apenas un par de lápices y folletos, no hay objetos pesados, ni engrapadoras. Los ventanales están cerrados y la luz tenue apenas tiñe de amarillo un cuadro de flores rojas. Aquí, la psicóloga social Malena Manzato trabajaba con las víctimas hasta que recibió a dos mujeres que habían sido golpeadas por el mismo varón.   —Me di cuenta de que había que trabajar con los hombres porque si no todo vuelve a empezar.   Cada terapeuta entrevistado enunció el mismo objetivo: proteger a la mujer, porque el hombre golpeador puede volver a conformar una pareja y tener hijos.   —Durante las primeras sesiones, los hombres intentan minimizar sus conductas. Dicen que también sus mujeres fueron violentas y que ellos no les pegaron…apenas un empujón- cuenta.   Para que los varones acepten las responsabilidades es necesario, entonces, un trabajo de varios meses. En ese momento, el uso de la fuerza física se reduce. Pero la violencia sexual y económica es más difícil de desandar, explica Manzato. “A los hombres, les cuesta más tiempo desprenderse del cuerpo de la mujer y del dinero; a veces depositar la plata de los alimentos a principios de mes es todo un acto de superación”. Para ella, socialmente el ejercicio de poder del varón está bien visto y el problema son estos vínculos basados en el poder, que tienen que ver con una sociedad machista y patriarcal. 

En la asociación recibe hombres derivados de las parroquias y centros religiosos. “Ellos sostienen que ‘el hombre es padre de familia’; que ‘la autoridad es del hombre’, que ‘la mujer no puede negar el cuerpo al hombre’. Son todos recortes de la Biblia”, había declarado tiempo atrás Manzato en una entrevista para Página 12. Frente al grabador vuelve a insistir en esta línea argumental. Describe al patriarcado como una construcción social que da ventajas y poder a los hombres; pero también es nocivo para ellos porque les exige ser duros, fuertes y ocultar sus sentimientos hasta que ya no puedan más. – 

(Se puede ver la nota completa en: http://www.revistaanfibia.com/cronica/puede-un-violento-dejar-de-serlo/

jueves, 28 de enero de 2016

Para las mujeres, la casa es ocho veces más peligrosa que la calle


Tienen 8 veces más chances de ser asesinada por alguien conocido que por un extraño



 Una mujer tiene ocho veces más posibilidades de ser asesinada por alguien de su entorno, incluso de su propia casa, que de morir a manos de un extraño, en un robo. El dato surge de la comparación de las últimas estadísticas disponibles a nivel nacional sobre homicidios dolosos que presentó el Ministerio de Justicia de la Nación con las de femicidios que registra la ONG Casa del Encuentro, único centro que aglutina información sobre asesinatos vinculados a la violencia de género.

Femicidios: Una mujer tiene ocho veces más posibilidades de ser asesinada por alguien de su entorno que por un extraño 

De acuerdo con datos de la Secretaría de Política Criminal, que sólo tiene cifras actualizadas hasta 2009, a lo largo del año 27 mujeres murieron durante un robo. Ese mismo año, la Casa del Encuentro registró 231 femicidios. Es decir, comparativamente, una mujer fue asesinada en un robo por cada 8,5 que fueron víctimas de violencia de género.

La Oficina de Violencia Doméstica (OVD), que se creó en 2006 dentro de la Corte Suprema de Justicia por iniciativa de la jueza Elena Highton de Nolasco, recibe unas 900 denuncias por mes. En el 71% de los casos, el agresor es o fue pareja de la víctima. Más detalladamente: en el 49%, el ex; el concubino, en el 17%; en el 12%, el cónyuge y en el 1%, el novio.

En tanto que en el 39% de las situaciones quien denuncia vive en la misma casa que la persona denunciada. Hay un riesgo bajo para quien denuncia sólo en el 4%. En contrapartida, en el 79% de los casos, el riesgo es alto, medio o moderado. Y en el 5%, el riesgo es definido por el equipo interdisciplinario como "altísimo". En el 2% restante, es indeterminado.

Desde su creación, la OVD recibió unas 58.000 denuncias. Año a año, gracias a las campañas de difusión, el número de denuncias se fue incrementando. Sin embargo, hay un dato preocupante. Sólo 22 de esas denuncias fueron hechas por vecinos.

Según, Fabiana Túñez, directora de La Casa del Encuentro, "sólo en casos de femicidios han existido condenas contra los agresores. En cambio, cuando se trata de lesiones, leves o graves, no. Es gravísimo, porque sabemos cómo es el círculo de la violencia: nunca para".

Pero esto no significa que las denuncias no prosperen. La mayoría se traduce en medidas de exclusión del hogar del violento y, en algunas jurisdicciones, en la instalación del botón antipánico, para alertar a la policía en caso de que el agresor se acerque al hogar.

La contrapartida es que a la medida de exclusión hay que renovarla periódicamente. Y no son pocas las veces que las personas que denunciaron no realizan ese trámite. Además, está el hecho de que el hombre que es excluido del hogar casi automáticamente deja de pasar alimentos y en muchos casos la mujer accede a que el violento vuelva al hogar porque el Estado no garantiza un sostén. 

Tras la multitudinaria marcha #NiUnaMenos, que se realizó el 3 de junio pasado, se produjo un aumento de las consultas en todas las instituciones que reciben denuncias e impulsan demandas sobre el tema. Así lo informaron en la OVD y en las fiscalías de la ciudad. Incluso, en el Ministerio de Desarrollo Social porteño y en la Brigada de Género de la Policía Metropolitana.

Se calcula que cada hora se reciben dos denuncias de violencia doméstica en la fiscalía de la ciudad y una de cada dos presenta un riesgo alto para la seguridad psicofísica de las víctimas.


La Casa del Encuentro indica que el año pasado hubo 277 femicidios, que son asesinatos vinculados al hecho de ser mujer. En el último informe del Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema, que publicó hace un año el ex juez Eugenio Zaffaroni, con datos de 2013, se analizaron los homicidios en la Capital, ciertos distritos del conurbano y algunas ciudades del interior. Si bien el documento apunta que han disminuido las muertes en ocasión de robo, se incrementaron los homicidios en los que existe una relación entre la víctima y el victimario. Sólo tres de cada 10 personas asesinadas no tenían relación previa con quien las mató. Otras cinco sí estaban vinculadas y otras dos se desconocía. Según ese trabajo, el 30% de las víctimas tenía el mismo domicilio que su asesino.(Fuente Redacción El Intransigente.com Nov 2015) 

lunes, 28 de septiembre de 2015

Capacitación: "Herramientas para la reversión del daño"




Así como conocemos que un alto porcentaje de violencia familiar se debe a problemas socio-culturales, también sabemos que los trastornos emocionales inciden en el origen de dicha violencia, formando parte de su policausalidad.
 En el abuso sexual pueden estar involucradas distintas partes del cuerpo; al ser un hecho reiterativo donde interviene la seducción y cometido generalmente por algún familiar o adulto amigo del niño, el concepto del género participante debe ser reconsiderado necesariamente.
 La humanidad ha hecho un largo recorrido hasta poder aceptar cambios que le permitieran reconocer el derecho de un niño a ser considerado en su individualidad y subjetividad o sea en sus necesidades y sentimientos a lo largo de su desarrollo. Se evidencia así la necesidad de diferenciar entre la crianza y la educación.
Revertir el daño producido por las consecuencias del abuso sexual es posible!!!! Sumate

miércoles, 26 de agosto de 2015

Los Prostituidores - Mª José Barahona Gomariz Profesora Titular Escuela Trabajo Social –U.C.M.-

El contenido de mi exposición tiene como eje central a los prostituidores, es decir, los sujetos que pagan en el mercado prostitucional por/para obtener placer. Esta es una aproximación amplia que nos sirve de plataforma para la delimitación, para la concreción de quiénes son, qué piensan y por qué lo hacen.
Toda explicación que se puede hacer de los prostituidores queda resumido y evidenciado en el uso de los términos empleados en prostitución.
Así, tradicionalmente se han denominado cliente y prostituta, puta, ramera,.....
¿Cómo puede ser que dos personas involucradas en un mismo acto tengan distinto reconocimiento social?. Así es, el mal llamado hasta ahora cliente, que no es más que un eufemismo que oculta el verdadero hacer, es reconocido en su necesaria existencia pero invisibilizado en su responsabilidad y desprovisto de condena social; en cambio la otra parte, la mujer en prostitución ha sido y es estigmatizada, visibilizada como responsable y condenada socialmente. ¡¡ Cómo cambian las cosas según de quien se trate!!!!, No, cómo cambian las cosas

según se sea varón o mujer.
¿Por qué identifico al prostituidor con un varón y a la persona en prostitución con una mujer?. Porque esa es la realidad mayoritaria de la prostitución y además porque este tipo de prostitución revela el papel fundamental de la mujer como objeto sexual en sociedades sexistas de pauta
patriarcal.
¿No es en sí misma esta terminología la evidencia de una violencia simbólica?. Explica Bourdieu la permanencia y la reproducción de las relaciones de dominación, de sus privilegios y sus injusticias por la violencia simbólica que se ejerce sobre los dominados y que hace aparecer como aceptables unas condiciones de existencia absolutamente intolerables. Define la violencia simbólica como “esa violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento (...) del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”.

Kathleen Barry sostiene que la prostitución es una construcción social reveladora de prácticas, ideas, actitudes y comportamientos que desconocen los derechos humanos y son parte de una organización social destinada a perpetuar la dominación del varón sobre la mujer, y de los que tienen más medios sobre los desposeidos.
Esta es la clave que descifra el ser y hacer de los prostituidores. La prostitución es una construcción social de los varones asentada en la desigualdad de género como una forma de expresar, de poner en práctica ideas, actitudes y comportamientos.

La desigualdad de género se sustenta en la diferencia biológica, de sexo, y sobre ella descansan entre otras cosas la sexualidad. Históricamente se han determinado comportamientos sexuales intrínsecos según se fuera varón o mujer, así, a los varones se les ha otorgado, mejor dicho, de forma más correcta, los varones se han otorgado con legitimidad social la “necesidad fisiológica sexual” que implica, según la definición del propio termino necesidad un impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido o aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir. Con ello se ha biologizado lo cultural, es decir, la sexualidad masculina se ha explicado y justificado por el modelo esencialista que sostiene que la sexualidad está predeterminada por la biología: la genética, las hormonas y por extensión, la anatomía y la fisiología corporal. Así, los actos sexuales son ante todo actos “naturales” y esa es precisamente la legitimidad que la sociedad ha otorgado, pero la sexualidad es una construcción social que demanda la culturalización de lo biológico.
Bajo esa idea de “necesidad fisiológica sexual masculina” se ha promovido la puesta a disposición de los varones de unos contingentes de mujeres que según cada época ha respondido a unos intereses.
¿Quién es prostituidor?, es aquel varón que paga por el uso/abuso de la genitalidad de la mujer u otras partes de su cuerpo a fin de obtener placer, dentro de una prostitución entre adultos heterosexuales. Placer que instrumentalizado a través del sexual es en simultáneo o en primacía psicológico. Placer psicológico en el ejercicio del poder en una situación asimétrica, estando caracterizada porque el ser prostituidor es una opción mientras que el ser mujer prostituida es una obligación, o para aquellos que les suene totalitarista, el ser mujer prostituida tiene un grado mínimo de voluntad, de libertad, es una voluntad restringida delimitada por coacciones
(estructurales, microsociales y/o individuales), y por tanto, la acción se convierte en forzada/forzosa.
El prostituidor está desprovisto de estigmatización social en el sistema prostitución porque su conducta está naturalizada, biologizada por su “necesidad sexual”. Ésta es la piedra angular para entender su invisibilidad, les hemos convertido en víctimas, en víctimas de su naturaleza y por lo tanto les hemos quitado la responsabilidad de sus actos, no pueden controlar las respuestas que producen sus hormonas, su bioquímica, la rebelión interna de sus espermatozoides.

Joseph Vicent Marqués nos señala que “el cliente es una figura que se da por supuesto, pero del que poco se habla ¿por qué?, porque cae dentro de las expectativas de la conducta masculina (...) existe una variedad de actitudes sociales ante el asunto, pero la tolerancia hacia el cliente prevalece sobre las demás”.
Bueno, ésta ha sido la tradición heredada culturalmente creada por las sociedades patriarcales, los mitos y leyendas construidos para reproducir y reforzar la defensa tradicional de la supremacía masculina basada  en el razonamiento determinista biológico, en la interpretación interesada del dimorfismo sexual, en el que se ha incluido también  la esfera de la sexualidad. Es la justificación a los actos de los dominantes. 
No hay nada más planificado, voluntario y racional que la conducta del prostituidor, ¿por qué? Porque su conducta está limitada por factores externos, estos factores son fundamentalmente dos, la disposición de tiempo y de dinero, con ello ya podemos proceder a la acción que variará en función de la tipología de prostitución seleccionada, medio abierto y medio cerrado. ¿Es entonces la conducta del prostituidor natura o nurtura?, es claro que no es innata sino adquirida, no es necesidad sexual diferenciada sino voluntad individual.
Es precisamente la voluntad individual la que impide la tipologización del prostituidor, no hay rasgos característicos ni definitorios que nos permitan hablan de la categoría prostituidor. Si realizamos una sencilla operación matemática podremos comprobarlo cuantitativamente. ..

- Tomemos la cifra en que se cuantifica el número de mujeres prostituidas en España (es aproximada): 300.000 ..
- Multipliquémosla por tres servicios diarios cada una: 900.000 ..
- ¿Cuántos servicios en una semana? (vamos a multiplicar solo de lunes a viernes ya que los fines de semana disminuyen): 4.500.000 ..
-  ¿Cuántos servicios al mes?: 18.000.000 ..
-  ¿Cuántos servicios al año? (quitando fiestas, Semana Santa, vacaciones de verano y Navidades, son diez meses): 180.000.000
-           
Escalofriante ¿no?, entonces ¿hay una tipología de prostituidores?. No.
Cualquier hombre es un potencial prostituidor.

No hay nada más cultural que la conducta del prostituidor, transmitida, aprendida e integrada en su repertorio de conductas, porque se han socializado con la tradicional ideología masculina. Su conducta está tan integrada que ha pasado a formar parte del mundo del trabajo y del ocio. Del trabajo porque parece que es la rúbrica a un contacto empresarial o la firma de un negocio. De ocio porque se ha integrado dentro de la ruta del ocio como un elemento más, necesario para el disfrute del tiempo libre. Pero esta conducta tiene una característica, es silenciada en el entorno más próximo, es comentada y compartida exclusivamente con los que se saben prostituidores activos, la experiencia pasa a ser un elemento integrador grupal, de pertenencia, se comparte esa experiencia transgresora, pero aún cuando se comparte, la realidad se deforma, se informa de las consecuencias (fue divertido, la mujer era... hicimos... me hizo... sentí... me entraron... duró...) y no de las causas, se comparte el exterior y no el interior, la masculinidad y no la individualidad.

La conducta del prostituidor responde al Síndrome de The Centerfold, este síndrome es una penetrante distorsión en la forma en que los hombres aprenden a pensar sobre las mujeres y la sexualidad. No es un síndrome clínico formal. Tiene cinco elementos: voyeurismo, cosificación de las mujeres y sus cuerpos, validación de la masculinidad, trofismo (comparación de la masculinidad con otros hombres) y miedo a la intimidad.
Ahora voy a parar, ya no voy a ser yo la que hable sino ellos, los prostituidores, a los que hemos entrevistado para conocer su ser y hacer. Pero antes un dato más para acercarnos en la imaginación a la realidad, para entender la esencia, de qué se trata.

En la investigación realizada sobre el prostituidor hicimos 100 observaciones, es decir, observamos a cien prostituidores que habían elegido la prostitución en medio abierto y sólo quiero revelar un dato, la duración del contacto. La moda son 5 minutos, es decir, es el valor más repetido de la muestra, el tiempo de duración del contacto sexual que ha empleado el mayor número de personas.

De las entrevistas en profundidad estructuradas mantenidas con 15 prostituidores, uno de los primeros aspectos que nos sorprendió es que ante la pregunta general de opinión ¿qué piensas sobre la prostitución?, todos manifestaron una actitud más que una opinión. Una actitud de defensa del “yo como prostituidor”, sus respuestas han sido sus justificaciones, así las podemos agrupar en dos fundamentalmente:
.. se justifica su “hacer” porque otros están, y además están de manera libre,                    como un trabajo más, es una opción laboral que la mujer elige libremente para 
vivir, es un derecho de las mujeres.
o “Yo veo bien que se ganen la vida de alguna manera, sin hacer daño a la gente 
claro, porque yo no veo que hagan daño a la gente ni a nada” (Antonio, 54 años, 
divorciado, con tres hijos, con pareja en la actualidad, se inicia sexualmente a 
los 19 años con una mujer prostituida en un club. Ahora su tipología principal de 
prostitución es abierta y acude tres veces al mes)
.. se justifica su “hacer” por ser el propio prostituidor una víctima de su 
condición de hombre, por ser dependiente de su naturaleza (necesidad sexual) y 
no de su voluntad.
 o “La prostitución es absolutamente necesaria. Es algo absolutamente 
necesario en esta sociedad y en las futuras, puesto que evidentemente si no 
existiera prostitución vendrían graves consecuencias de represión psicológica 
(...) los hombres tienen unas necesidades fisiológicas muy fuertes, la 
eyaculación” (Jose Luis, 56 años, divorciado. Acude por primera vez a la 
prostitución a los 25 años. Hoy su tipología de prostitución es cualquiera, acude 
dos veces a la semana)

Cuando les preguntamos la opinión sobre ellos como clientes y sobre los otros clientes, todos han calificado y clasificado a los clientes, han diferenciado entre “malos clientes”, en donde están los otros hombres, y “buenos clientes”, en el que se incluye siempre el entrevistado.
 o “Pues hombre hay auténticos cerdos, yo no, (...) Hay auténticos cerdos que 
utilizan los servicios de estas personas y estas personas tienen su dignidad, esta 
gente que ejerce la prostitución” (Fernando, 50 años, casado y con un hijo. Su 
primer contacto con la prostitución es a los 27 años. Utiliza la prostitución 
cerrada, acude tres veces a la semana)
o “Hay personas que son prudentes y vienen aquí a desahogarse como Dios 
manda y...hay otros que vienen aquí nada más que... ha hacer sufrir a las 
personas, que es muy diferente venir aquí a desahogarse y otros que vienen 
aquí a hacer perrerías” (Jorge , 77 años, acudió por primera vez a los 18 años. Su 
preferencia en tipología es abierta y su frecuencia ‘cuándo puede porque el 
aparato está hecho polvo’, acude con un sobrino)

Curioso fue encontrar que la mayoría de los entrevistados identifican el ejercicio de la prostitución “obligado” a la condición de ser mujer inmigrante, no aceptan el tráfico y declaran no haber estado nunca con mujeres traficadas a pesar de haber estado todos con inmigrantes. Aquí están algunas respuestas, curiosas, contradictorias todas ellas:
� “Yo normalmente prefiero extranjeras, me gustan las rusas, las ucranianas, 
subsaharianas, marroquíes, colombianas, brasileñas (...) no, no he estado con 
mujeres traficadas” (Pedro, 47 años, separado pero en la actualidad con pareja 
estable, conviven. Su primer contacto es a los 34 años. Acude con una 
frecuencia de dos a cuatro veces al mes, a cualquier tipología de prostitución)
� “De las chicas que hay aquí en la Casa de Campo ninguna está traficada, no, 
porque yo conozco a esas mujeres, yo conozco a estas polacas que yo las veo 
buenas chicas” (Jesús, 40 años, soltero sin pareja. Se inicia en el contacto con la 
prostitución a los 23 años. Prefiere la prostitución en medio abierto y acude una 
vez al día)
� “Yo hablo mucho con ellas y tal, de muy buena onda, y muchas veces lo que 
me dicen es que pues que vienen...bueno son muy reacias a hablar de ello, muy, 
muy, muy reacias porque tienen miedo de verdad, pueden llegar a enseñarte 
lesiones y todo, patadas en el vientre y barbaridades” (Juan, 31 años, soltero sin 
pareja. Se inicia en el contacto a los 27 años. Acude a prostitución cerrada una 
vez al mes)
� “Hay unas que están obligadas a hacerlo por las mafias que hay y las historias 
que hay (...) yo les pregunto mucho y me dicen que las obligan, tiene que pagar 
lo del viaje que les ha costado venir aquí o lo que fuera y ya está, tienen que 
hacerlo por cojones” (Alejandro, 32 años, separado, sin pareja. Se inicia a los 16 
años. Prefiere la prostitución abierta y acude cada quince días)

Si una de las razones de ser prostituidor es la ausencia o insatisfacción sexual, oigamos que dicen de ello:
� “Yo no he sentido un placer especial haciéndolo con una prostituta....lo único 
que la prostituta te ofrece un tipo de servicios que tu novia no está dispuesta a 
hacer” (Javier, 35 años soltero, sin pareja. Se inicia a los 35 años. Prefiere la 
prostitución cerrada, acude una vez por semana)
� “Una mujer que no se dedica a la prostitución y eso, pues lo haces con ella 
y...lo haces mejor que con estas, está más claro que el agua, lo haces más a 
gusto, más todo (...) Es preferible estar con una de las otras antes que con una 
de estas (...) te da otra satisfacción estar con una mujer que no es prostituta que 
estar con una de la calle “ (Jesús, acude una vez al día)
� “Siempre ha sido más satisfactorio con alguien por cariño, he tenido siempre 
mucha más satisfacción y me han enseñado más cosas de eso (...) hoy en día las 
prostitutas de sensibilidad y artes amatorias no tienen ni idea” (Pedro, dos a 
cuatro veces al mes)
� “Es menos placer con una chica de éstas porque no...no puedes ni besarla, ni 
la puedes agarrar. No, no son cariñosas” (Alejandro, cada quince días)